¿Donde he dejado la imaginación?
Yo la había dejado solita en el rincón más profundo de la casa, las cosas no me salían bien y por eso pensé que estaría mejor escondida. Cada día pasaba y la veía empolvarse y perder brillo, me transmitía algo de tristeza y nostalgia ya que en la infancia ella era parte de los mejores momentos; pero ya me daba pena hablarle, no le he hablado ¡POR DOS AÑOS!... Dejé caer toda verguenza y bajé al sótano. La vi delgada, sufriendo un frio infernal, le di mi abrigo y subimos a la cocina, le hice un te de manzana y canela (su favorito) y le di galletas para acompañar, conversamos toda la noche, de esas conversaciones sin fin. Fue hermoso ver como el color retornaba a sus mejillas y ver de nuevo ese brillo que antes no estaba en sus ojos, era el mismo brillo que yo había perdido años atrás. Pero esta mañana al mirarme al espejo, noté que ya había regresado.